Por: Jessica Ann Vélez Ledesma 15/marzo/2024

Cuando nos lanzamos a la aventura de conocer nuevas fronteras comienza la planificación y con esta nos preparamos con todo lo necesario para emprender el viaje. Cada artículo en tu equipaje es imprescindible para cubrir tus necesidades y poder disfrutar al máximo tu estadía.
No obstante, para alcanzar ese lugar anhelado, es necesario emprender probablemente el vuelo y cruzar de un lugar a otro a través de los aires. Esa experiencia de horas nos dará acceso a lugares y personas desconocidos. A vivencias que estarán por el resto de nuestras vidas. Un recorrido necesario que no es posible prescindir de él.
Así mismo es nuestra relación con Dios. Tenemos que aventurarnos en las alturas, ese lugar espiritual de intimidad que nos hará llegar a lo desconocido de Él. Ese lugar, en su presencia, que nos permitirá vivir intensos momentos de aprendizaje, de revelaciones, de dirección, de fe, de sanidades, de rompimientos, quebrantamientos, milagros, liberaciones, confrontaciones y nos cambiará por completo. ¿Quieres conocer más de Él? ¿Quieres acceso a todo lo que te ha prometido? ¿Quieres descubrir nuevas posibilidades para alcanzar tu destino? ¿Quieres expandirte a las oportunidades que Él te ofrece? Sube a las alturas. Atrévete a alzar el vuelo, a elevar tu espíritu junto al de Él y comenzarás a vivir lo inimaginable.
En la altura tendrás mayor visibilidad.
En la altura, un lugar no estable, donde tendrás que confiar.
En la altura cambia la perspectiva. Lo que era muy grande o complicado, ahora se ve insignificante.
En la altura hay dependencia.
En la altura, hay una atmósfera limpia y refrescante.
La altura es estar continuamente delante de Dios, ahí en su presencia. Lugar necesario para cruzar de lo conocido a lo desconocido; de lo natural a lo sobrenatural; de lo imposible a lo posible; de la escasez a la abundancia; de la tristeza a la alegría; de la esclavitud a la libertad; de la enfermedad a la salud; de la destrucción a la edificación; de la carencia a la plenitud de Dios para tu vida.
Probablemente llevas mucho tiempo preparando tu equipaje. Has acumulado artículos necesarios para subsistir. Ya consideras que no necesitas nada más para tu llegada. Pero… recuerda que aún falta el vuelo. Ese del que no podrás escapar y que valorarás más cuando te veas en ese lugar. Sin las alturas, sin esa intimidad y presencia, no será posible llegar al destino correcto…al destino que Él ha diseñado exclusivamente para ti. Sin el recorrido en las alturas ese lugar está inalcanzable, no descubierto y extraño. Piensa por un momento la belleza del vuelo, que no sólo te hará llegar a tu destino, sino que te ayudará a habitar en él y cuando habitas comienzas a pertenecer a ese lugar. Y entonces se vuelve conocido, se vuelve familiar, se vuelve Hogar.
Por eso vuela alto y hazlo todas las veces que sea necesario y descubre que hay mucho más por conocer y descubrir en SU PRESENCIA de lo que ya hayas experimentado.
El Alto y Majestuoso que vive en la eternidad, el Santo, dice: «Yo vivo en el lugar alto y santo con los de espíritu arrepentido y humilde. Restauro el espíritu destrozado del humilde y reavivo el valor de los que tienen un corazón arrepentido.
Isaías 57:15 NTV

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