Ser sinceros, en confianza, sin vergüenza y transparentes en su presencia.

Por. Jessica Ann Vélez Ledesma 15/junio/2024

En Hebreos 10:22 (NTV) dice: “entremos directamente a la presencia de Dios con corazón sincero y con plena confianza en él. Pues nuestra conciencia culpable ha sido rociada con la sangre de Cristo a fin de purificarnos, y nuestro cuerpo ha sido lavado con agua pura”.

¿Y qué es sinceridad? La sinceridad es la cualidad de obrar y expresarse con verdad, sencillez y honestidad, sin fingimiento o segundas intenciones. La sinceridad es una cualidad moral de gran valor. Se fundamenta sobre el respeto y el apego a la verdad como valor esencial en nuestra relación con los demás e incluso, con nosotros mismos. Él nos conoce más que nosotros mismos, por lo tanto, quererlo ocultar es totalmente imposible. Ante Dios no es necesario fingir. En Hebreos 4:13 (NTV) dice: “No hay nada en toda la creación que esté oculto a Dios. Todo está desnudo y expuesto ante sus ojos; y es a Él a quien rendimos cuentas”.  Simplemente debemos aceptarnos y ser como somos delante de Él. Y si fallamos aceptarlo, reconocerlo y confesarlo delante de Él y conoceremos que su amor es más fuerte que todas nuestras debilidades, que todos nuestros fracasos, que todos nuestros errores. Porque lo más importante es ser transparente en su presencia. Además, es un asunto de mostrarle a Dios que venimos honestamente delante de Él y que valoramos y atesoramos nuestra relación con Él.

Así que delante de Él venir sin máscara, sin querer ocultar quiénes somos. Regularmente cuando se usa una máscara es para no ser reconocidos, para ocultar nuestra identidad o para imitar o parecernos a alguien más. Y eso lo podemos hacer con cualquier persona, pero con Dios jamás. Es como querer engañarlo para que no sepa quién eres, cuando es algo imposible. Esto atrasará muchísimo lo que Él quiere hacer en ti. Tienes que abrirle tu corazón, tu vida completa sinceramente para que Él pueda obrar. Recordemos que Él no forzará nada que no queramos hacer. En Apocalipsis 3:20 (NTV) dice: “Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos”. Así que está claro. Si no le permitimos entrar a nuestro interior, Él no podrá estar a nuestro lado como amigo. Y esto habla de intimidad. Cuando tenemos un verdadero amigo, éste conoce todo de nosotros. Así que ven ante Él sin esa máscara y descubrirás a un Dios que también puede ser tu amigo.

  • Sin máscaras y desnudos ante su presencia. Sin querer tapar nada, ninguna imperfección, ninguna vergüenza. A Dios no le incomoda nuestra condición actual. Debemos acercarnos sin miedo como somos. Él nos ve a través de su hijo Jesús y nuestra desnudez no le sorprenderá ni la rechazará. Al contrario, nuestras luchas, debilidades, nuestros pecados, los verá con misericordia y amor para restaurar nuestras vidas.
  • Venir desnudo ante Él como en el momento de asearnos.Nos limpiamos de toda suciedad y se va el mal olor. En lo espiritual es así también. Él comienza a limpiarnos, a purificarnos, a sacar lo que nos hace ver y oler mal. Limpiarnos de maldad, de iniquidades, de perversiones, de adicciones, en fin, de todo pecado. En 1 Juan 1:9 (NTV) dice: “Si confesamos nuestros pecados a Dios, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad”. Él es capaz de hacernos dignos para su Gloria y su Honra y nos da vestiduras nuevas, pero para hacerlo tiene que quitar las viejas y en ese proceso ver nuestra desnudez y poder limpiarnos de lo que nos está ensuciando desde el interior hasta el exterior y podamos lucir esas vestiduras reales que sólo Él sabe dar.
  • Venir desnudos como en una intervención quirúrgica. De esta manera Él podrá trabajar profundamente y cerrar heridas. Él puede sanarnos y ayudarnos en el proceso del perdón a otros por herirnos o incluso revelarnos heridas que hayamos podido realizarles a otros. Salmo 147:3 (NTV) dice: “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda sus heridas”. En este momento de desnudez, es la mejor oportunidad de permitirle a Él que intervenga en nuestra vida, en esas áreas específicas que nos duelen y que no queremos que las toquen. Esas áreas, que, si continuamos creyendo que todo está bien o las ignoramos, no desparecerán, sino que pueden desarrollar enfermedades, infecciones, inflamaciones peores y terminar con nuestra vida y en este caso con nuestra vida espiritual. Y endurecerán nuestros corazones aún más y nos hará más daño y le podremos hacer más daño a otros.
  • Venir desnudos igual que al intimar con nuestros cónyuges. Cuando hay ese amor verdadero, limpio y sincero es un deleite amarse y disfrutar la desnudez. ¿Por qué? Hay confianza, hay deleite en estar con esa persona sin reservas. Disfrutan estar juntos y llegar a lo más íntimo en una relación. Es conocer todo de esa persona y querer más de ella. Es hacerlo sentir pleno y satisfacerlo. Ahora bien, ¿todo lo que he descrito no se parece a como está escrito Cantar de los cantares en la biblia? ¿Y este libro, además de mostrar la relación conyugal, no simboliza el amor de Dios por sus hijos? Como el novio ama a la novia…su iglesia. Venir ante Dios es intimar con Él. Disfrutar de su compañía. Querer estar todo el tiempo con Él y amarlo, porque Él lo desea. Nuestra relación con Dios debe ser una de cercanía, una de compartir juntos nuestra vida. Además, de nacer con un destino y cumplir nuestra asignación en la tierra, Él desea que, en el proceso, lo conozcamos, nos enamoremos de Él y disfrutemos su compañía. No sólo hacer por Él, sino estar con Él. Será como dice el Salmo 16:11 (NTV): “Me mostrarás el camino de la vida, me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre”.  Él desea que nos demos completamente en total libertad sin vergüenza de nuestra desnudez, de nuestros defectos, porque Él nos ama tal como somos.

Sin máscaras y desnudos habla de una vida quebrantada delante de Él. Habla de una vida procesada desde un nuevo nacimiento en Cristo, una sanidad interior, hasta un hijo restaurado y listo para ser instrumento a otros. Y que podamos tener una relación íntima con Dios sin obstáculos, limpia y sincera. Donde disfrutemos confiadamente su presencia.

Ven hoy delante de Él y dile:
“Examíname, oh, Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan.
Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y
Guíame por el camino de la vida eterna”.

Salmo 139: 23-24 (NTV)

Deja un comentario

Tendencias