Por. Jessica Ann Vélez Ledesma 8/julio/2024

          Podemos entender que Dios nos creó con diferentes características, no obstante, seamos introvertidos, extrovertidos; conversadores, silenciosos; estructurados, creativos, hay algo que todos tenemos en común y es que, no importando nuestra forma de ser, nuestro cuerpo, alma y espíritu se alinean para dar una respuesta cuando estamos delante de su presencia. ¡Sí! Algunos brincamos, gritamos, otros nos arrodillamos, muchos levantamos las manos, reímos, lloramos, nos postramos, cantamos, declamamos, tocamos un instrumento o nos sentamos al no poder permanecer de pie. Estas y muchas otras son expresiones de alabanza a Dios cuando reconocemos lo que Él ha hecho en nuestras vidas y en las vidas de los que nos rodean. 

            Quien haya experimentado su amor, su perdón, su gracia y misericordia jamás podrá estar delante de Él sin una reacción. Realmente es un privilegio que tenemos al acercarnos y que Él acepte y le agrade nuestra alabanza. Aun estando por encima de nosotros, cuando venimos con todo nuestro ser en humildad y agradecidos, no hay en Él rechazo, sino que nos ve con agrado.  ¡Así es el Dios que le servimos!

            Ahora bien, que tal que nuestra alma esté afligida por la enfermedad, por la escasez, por la muerte de un ser querido, por la falta de empleo o por una ruptura matrimonial o incluso por el abandono o por la agresión física. Humanamente se nos hace imposible pronunciar una palabra de alabanza a Dios o alguna expresión que demuestre nuestra gratitud a Él cuando nos encontramos en estos tiempos de oscuridad. ¡Y ahí está el secreto de nuestra Victoria!

Podemos aprender en su palabra que tenemos la autoridad sobre nuestra alma y demandarle alabanza al merecedor de Gloria. En el Salmo 103:1-2 dice: “Bendice alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”. No será fácil, pero este versículo te llenará de fe y esperanza porque en Él hay bendición, en Él hay promesas, en Él hay un plan de bien y no de mal para tu vida. El Salmo completo nos hace recordar que no estaremos por siempre derrotados y que de Él vendrá la respuesta, que de Él vendrá la misericordia. 

Por lo tanto, alabar a Dios sin haber visto, sin haber experimentado, es la manera de mostrar a Él tu respuesta de gratitud adelantada. Él merece toda la exaltación y todo el honor independientemente de nuestro proceso. Esa alabanza desesperada, extravagante te sostendrá, porque no será para cualquier persona, será para el Rey de reyes y Señor de señores. Para aquel capaz de recibirla y responder. ¡Llena tu entorno de alabanza a Dios! ¡Provoca que tu mente, tu intelecto, tus emociones se alineen a la verdad de que Él es fiel, Él es real y que no dejará a ningún justo desamparado! ¿Lo crees? Él es más grande que cualquier situación en tu vida. ¡Toma tu arma de alabanza! ¡Responde con gratitud por lo que Él ha hecho, por lo que está haciendo y por lo que hará en tu vida, en tu familia, en tu comunidad, en tu ciudad y en el mundo entero! Con ella podrás avanzar hacia lo que Él diseñó para tu vida y tus ojos no se cerrarán hasta que alcances tu destino.

Háblale a tu alma y dile:

¿Por qué estoy desanimado?
  ¿Por qué está tan triste mi corazón?
¡Pondré mi esperanza en Dios!
    Nuevamente lo alabaré,
 ¡mi Salvador y mi Dios!

Salmos 42:11

Deja un comentario

Tendencias