Es ese momento honorable con Jesús donde se puede saciar el cuerpo, el alma y el espíritu.
En el ámbito natural compartir la mesa es una manera de intimar con alguien. A la mesa podemos celebrar una noticia alegre, podemos reunirnos a conversar con familiares, amistades, compañeros de estudios o trabajos. También a compartir ideas, proyectos, sueños y planificar. Se presta para reencuentros y en otras ocasiones simplemente pasar un tiempo con personas amadas y tener momentos de risas, de confesiones, y disfrutar de la compañía. Sentarse a la mesa es un momento muy especial que no sólo cumple con satisfacer una necesidad básica del cuerpo, sino que se convierte en un medio donde ocurren muchos intercambios de palabras, expresiones y emociones. Y esos detalles contribuirán al crecimiento de una relación ya sea familiar, de amistad o profesional.

Cuando Jesús estuvo entre nosotros, utilizó mucho esta manera de conectar con la gente. ¡Qué interesante! Él tomó de su tiempo para intimar con diferentes personas compartiendo el pan. Mostró que lo hacía con sus discípulos, con sus amigos (celebraciones) y también con el necesitado ya sea física o espiritualmente e incluso con los fariseos o pecadores. Él encontró a la mesa, una oportunidad para mirar a los ojos de la otra persona y mostrar su amor por ellos. Enseñó que todos podíamos tener esa intimidad con Él de compartir la mesa, de conocerle, de pasar tiempo de calidad con Él y simplemente tener una conversación sencilla e informal. Nosotros normalmente no compartimos la mesa con todos, pero Él sí. Jesús aprovechaba esos momentos para enseñar sobre el Reino de Dios y dar a conocer las verdades espirituales y hasta hacer milagros. Es decir, que tomaba muy en serio ese tiempo para revelarse a sí mismo y tener una relación más cercana con todo aquel que lo deseara.
Él es el pan de vida (Juan 6:35) y nos invita a sentarnos y saciarnos de Él porque nos ama y ama intimar y pasar tiempo con nosotros. Compartir la mesa con Jesús se convierte en un encuentro de transformación en nuestras vidas. ¡Sí! Piensa que tú eres esa persona más importante con la que Él quiere pasar tiempo. Como en los tiempos bíblicos, Él se invita a tu casa, pero en el intercambio de comida y palabras, el anfitrión viene a convertirse en el invitado servido, ministrado y mudado por EL PAN DE VIDA QUE SACIA EL HAMBRE Y POR EL AGUA DE VIDA QUE SACIA LA SED. Jamás tu vida será la misma después de ese encuentro A LA MESA.
Te invito a que hoy prepares un encuentro con Jesús diferente. Sé creativo y arregla de una manera especial este momento de intimidad.
- Puedes hacer algo así:
- En tu lugar especial coloca una mesa pequeña.
- Adórnala para Él. Que invite a un momento diferente y lleno de expectativa.
- Busca una tela de algún color que sea significativo para ti y tu relación con Él y embellécela con ella.
- Esmérate en colocar flores, aceite aromático, frutas, o cualquier objeto que te produzca paz.
- Coloca la biblia ya sea física o digital y una libreta de apuntes.
- PREPÁRATE al mejor tiempo de intimidad y relación; de revelación y milagro; de sanidad y liberación…DE TRANSFORMACIÓN.
Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Juan 6:36
Por. Jessica Ann Vélez Ledesma

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