Por. Jessica Ann Vélez Ledesma / 30 de noviembre de 2024

23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
    pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan.
24 Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda
    y guíame por el camino de la vida eterna.
Salmos 13:23-24

            No es fácil aceptar nuestros errores y mucho menos nuestras áreas débiles. No todos estamos listos para recibir corrección y aceptar que nos equivocamos, porque eso sería “humillante”. No es sencillo comenzar un proceso de cambio en nuestra vida, porque eso conllevaría muchos sacrificios. Pero cuando honrar y obedecer a Dios es nuestra prioridad, es el único camino correcto.

            Hay que soltar el orgullo y quebrantar nuestra voluntad ante Dios. David fue conocido como el hombre conforme al corazón de Dios. No sólo porque era un verdadero adorador, más bien por vivir en humildad delante de Dios y los hombres. Esa es la gran diferencia. Él sabía reconocer sus fallas y quebrantarse delante de Dios suplicando perdón. No obstante, no era suficiente, él iba más allá. Se presentaba ante Dios con la valentía de escuchar lo que Dios quería revelarle, aunque no fuera de su agrado. Cuando queremos agradarle a Dios, estamos dispuestos a entregar nuestra voluntad, nuestra agenda, nuestros deseos y dejar que sea Él quién gobierne todo en nuestra vida. Eso es fácil decirlo, pero no tan fácil hacerlo, porque constantemente hay una lucha entre lo que anhela el espíritu y lo que anhela nuestra alma y cuerpo. Pero es posible. ¿Por qué? Porque cuando alimentamos nuestro espíritu intimando con el Padre, ocurre una transformación total. Transformación de pensamientos, decisiones, actitudes que se van alineando a Dios y su propósito en nuestras vidas.

            Ir a su encuentro, es saber que no regresarás de la misma manera siempre y cuando vayas en humildad, en total entrega y abierto a recibir todo lo que Él tiene para completar tu proceso de transformación.  Imagina un camino con desafíos, con ciertos oasis, lugares desconocidos, hermosos paisajes, y una meta, que, junto a Él, sería alcanzable. El caminar con Él nos llevará por diferentes escenarios, temporadas, relaciones, decisiones, quebrantos y un sinfín de cambios internos y externos que nos serán necesarios para completar nuestro destino.  Cuando somos capaces de decirle a Dios como lo hizo David en estos versículos, estamos diciéndole, yo quiero llegar a ese camino de la vida eterna y si es necesario que a través de ese recorrido tenga que quebrantar mi voluntad y morir a ella, estoy dispuesto.

Hoy te invito a que, en ese encuentro con Dios, le digas: “Examíname, Pruébame, Señálame y Guíame”.

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